Teatro en el teatro


Hace poco vimos una versión de La señorita Julia de Strindberg dirigida por Miguel Narros dónde el director empieza haciendo hablar a los actores-personages sobre lo que podríamos llamar "dramaturgia". Pensamos que sería una buena idea reunir aquí fragmentos de textos teatrales en los cuales sus autores nos expliquen lo que sería, por así decirlo, su poética teatral. No se trata tanto de las conferencias o charlas de teatro (por ejemplo esta de Lorca) sino de textos pertenecientes a alguna obra

  1. Strindberg cuenta con una extensa producción en todos los géneros literarios, pero su reconocimiento internacional lo alcanza, especialmente, con sus obras de teatro. En una primera etapa naturalista renueva el teatro sueco. Su teatro naturalista de su primera época “Padre”, “Deudores” y, principalmente,“La señorita Julia” rompen con la tradición romántica del teatro sueco. En estos tres dramas están presentes los temas que caracterizan su obra: lo que él llamaría la "lucha de cerebros”, donde la violencia conduce al “crimen psicológico”; la lucha de sexos; la lucha entre lo viejo y lo nuevo y su misoginia. A propósito de los diálogos de “La señorita Julia” escribirá en su prólogo:

“En el drama que aquí presento no he intentado hacer nada nuevo -porque eso es imposible- , sino, simplemente, modernizar la forma de acuerdo con las exigencias que he creído que los hombres de nuestro tiempo deben plantearle al arte del teatro. Y con este fin he elegido un tema -o quizá me haya dejado seducir por él- que puede decirse que está al margen de las luchas partidistas actuales, ya que el problema del ascenso o la caída social, del conflicto entre superior e inferior, mejor y peor, hombre y mujer, es, ha sido y será de permanente interés…
[…] He roto con la tradición de presentar a los personajes como catequistas que con preguntas estúpidas provocan la réplica brillante. [...] Para ello he hecho que las mentes trabajen de un modo irregular, tal y como ocurre en la realidad, donde en una conversación nunca se agota el tema, donde un cerebro trabaja como una rueda dentada en la que el otro se engrana a la buena de Dios. Por eso el diálogo anda sin rumbo. He proveído en las primeras escenas de abundante material que en el desarrollo se elabora, se trabaja, se repite, se amplia lo mismo que el tema de una composición musical.
[…] Quizá llegue una época en la que alcancemos un punto de desarrollo, en que seamos ya tan ilustrados, que podamos contemplar con indiferencia el brutal, cínico y despiadado espectáculo que nos ofrece la vida; un tiempo en el que podamos prescindir de esas máquinas de pensar inferiores e imprecisas, llamadas sentimientos, que al desarrollarse nuestros órganos del discernimiento se harán superfluas.
[…] La vida no es tan matemáticamente idiota como para que sólo los grandes se coman a los pequeños, sino que también ocurre, con la misma frecuencia, que la abeja mate al león o que, al menos lo enloquezca.
[…] Si además pudiésemos librarnos de la orquesta visible con sus molestas lucecitas y los rostros de los músicos vueltos hacia el público; si consiguiésemos elevar el patio de butacas de tal manera que el ojo del espectador estuviese a un nivel más alto que la rodilla de los espectadores; si pudiésemos eliminar palcos de platea (especialmente los proscenios), llenos siempre de risas tontas de gente que va al teatro para hacer tiempo antes de ir a cenar a un restaurante, y si, además, lográsemos tener un escenario pequeño y un salón pequeño, quizá surgiría entonces un nuevo arte dramático y el teatro volvería a ser un establecimiento de diversión y esparcimiento para las personas cultivadas. Mientras esperamos la llegada de ese teatro, escribiremos para el cajón de nuestro escritorio e iremos preparando de esa manera el repertorio futuro.
¡Aquí tienen un intento! ¡Si fracasa, tiempo habrá de volver a repetirlo!”
Extracto del Prólogo de “La señorita Julia” de August Strindberg.