Teatro breve


LA MUERTE MADRINA
(CUENTO TRADICIONAL)

Mercedes Chozas y Tomás Motos


(Uno de los problemas más frecuentes que se presentan a quienes quieren montar textos teatrales en el ámbito escolar es el no encontrar textos adecuados, con suficientes personajes para que todo el grupo pueda actuar. Una de las estrategia a la que recurrimos es o bien desdoblar personajes o bien introducir escenas con otros nuevos que, sin romper la estructura de la obra, permite que todos los chicos y chicas del grupo tengan oportunidad de representar un personaje.
En la adaptación que Mercedes Chozas hace de un cuento tradicional yo seguí esa estrategia. El texto añadido está en cursiva)


Juglar.- Había una vez en un lejano país, un leñador muy pobre. Su mujer acababa de tener un hijo y esto les llenó de felicidad, pero como eran tan pobres no encontraban a nadie que quisiera apadrinar al recién nacido.

En la casa

Mujer.-¡Ay, marido, qué desgraciados somos! ¡Pobre hijito mío! Nadie quiere apadrinar al hijo de unos pobres leñadores! ¿Qué será de él, si nosotros faltamos? ¿Quién le cuidará? ¿Quién le dará regalos el día de Reyes? ¡Ay, ay, pobrecillo! (Llora desconsolada)

Leñador.- No llores, mujer que todo se arreglará. Mira, voy a ponerme en el camino y al primero que pase le pediré que apadrine a nuestro hijo.

Mujer.- No te hagas ilusiones, marido. La gente es dura de corazón; cada cual va a la suya, y nadie quiere responsabilices. ¡Ay, mi pobre hijo!

Leñador.- Ten confianza , mujer. Siempre hay algún alma caritativa.

Mujer.- Eres demasiado ingenuo. Pero bueno, inténtalo. ¡Adiós, y que tengas suerte!


En el camino

(El leñador sentado al borde del camino. Entra el Comerciante, con traje corbata y maletín y sobre patines. Muy apurado, mirando el reloj y hablando por el móvil)

Leñador.- ¡Ah, ahí llega alguien! Y parece un rico comerciante. ¡Buenos días, señor!

Comerciante.- Buenos días, buen hombre, buenos días. ¡Huy , qué tarde es!

Leñador.- Señor, verá… tengo un hijo recién nacido que aún no ha sido bautizado. ¿Querría usted se su padrino?

Comerciante.- ¡Cuánto lo siento, buen hombre! Pero tengo demasiada prisa como para quedarme a un bautizo: me esperan en la ciudad para cerrar un negocio muy importante. Y ya sabe: ¡los negocios son los negocios! The time is money, como dicen los ingleses, que de eso saben un rato. Pero no se preocupe, buen hombre, ya encontrará alguien desocupado para que le sirva de padrino al niño. ¡Adiós! (Se va)

Leñador.- ¡Adiós, adiós! ¡Vaya, pues sí que estamos buenos! Ah , por ahí viene alguien. A ver si esta vez hay más suerte.

(Entra un pelotón mixto de soldados los cantando. Al mando un sargento, que es mujer)

A la guerra hay que ir
Por la patria hay que morir.

A la guerra hay que ir
Cargando nuestro fusil.

Si se presenta el enemigo
Le pegamos cuatro tiros.

Apuntamos, disparamos
Y a doscientos nos cargamos.

Ya la guerra hemos ganao
Y por el culo les hemos dao.

Sargento.- ¡Un, dos, un dos! Izquierda. ¡Un, dos, un dos! Derecha. Art¡ ¡En su lugar decanso¡ ¡Art!

Leñador.- Buenos días, señora militar.

Sargento.- ¿Señora? No. Señor. Macho y a mucha honra. Se presenta el sargento Arensibia, jefe de la 7ª compañía del Séptimo de Caballería. ¡A sus órdenes!
(Continúa marchando, el campesino le sigue como puede)

Leñador.- Señor, mire usted, yo tengo un hijo...

Sargento.- ¿Quééé...? ¡Un, dos, un dos!

Leñador.- ¡Que tengo un hijo!

Sargento.- ¡Ah, eso está muy bien! Me parece muy bien que tenga hijos, muchos hijos. ¡Futuros soldados para el ejercito nacional! No andamos muy sobrados estos días, con tanto objetor... y con el empeño del ministro Trillo de suprimir la mili obligatoria. ¡Una buena guerra es lo que hace falta aquí, una buena guerra. (Dirigiéndose a la Cadete Carlota) ¿¡Qué es lo hace falta aquí, Cadete Carlota!?

Cadete Carlota. ¡Una buena guerra, señor. Sí, señor!

Leñador.- No, si yo sólo tengo un hijito pequeño... Precisamente de eso quería hablarle. ¿Querría usted ser su padrino?

Sargento.- ¡Padrino! ¿Pero, qué dice, hombre de Dios? Si precisamente acaba de declararse una guerra y yo soy imprescindible en el frente. (Dirigiéndose al cabo Povedilla) ¿¡Quién es imprescindible en el frente, Cabo Povedilla!?

Cabo Povedilla.- ¡Usted, señor. Sí, señor, es imprescindible en el frente!

Sargento.- ¡Si yo no voy, no hay guerra! ¡Y una guerra es una cosa muy importante! ¡No puede uno escaquearse! (Dirigiéndose a Soldado Pacheco) ¿¡Puede uno escaquearse, Soldado Pacheco¡?

Soldado Pacheco.- ¡Señor, no , señor! ¡No puede uno escaquearse de la guerra! La obligación de un soldado del glorioso ejercito nacional es combatir en todas las guerras.

Sargento.- Hay que dejar bien claro quien es el que manda. (Dirigiéndose al soldado Gutiérrez) ¿¡Quién es el manda aquí, Soldado Gutiérrez¡?

Soldado Gutiérrez.- ¡Usted manda, señor. Sí, señor!

Sargento.- Lo siento, buen hombre, no puedo ser el padrino de su hijo. ¡Mándemelo cuando esté en edad militar¡ (Dirigiéndose al Soldado Pedrete) ¡¿Cuándo me lo ha de mandar, Soldado Pedrete, que con su cepillo de dientes limpia el retrete!?

Soldado Pedrete.- Me puede repetir la pregunta mi sargento. (Se la repite) ¡Cuando esté en la edad militar, señor. Sí, señor!

Sargento.- ¡Cadete Carlota! ¿Quiere usted ser apadrinar al hijo del leñador?

Cadete Carlota.- ¿Yo, señor? ¡No, señor! ¡Tengo que servir a la patria y matar a todos nuestros enemigos!

Sargento.- ¡Cabo Povedilla! ¿Quiere usted ser usted el padrino hijo del leñador?

Cabo Povedilla.- ¿Yo, señor? ¡No, señor! ¡Tengo que a luchar al frente y matar a todos nuestros enemigos!

Sargento.- ¡ Soldado Pacheco! ¿Quiere usted ser usted el padrino hijo del leñador?

Soldado Pacheco.- ¿Yo, señor? ¡No, señor! ¡Tengo que dispara el cañón y matar a todos nuestros enemigos!

Sargento.- ¡ Soldado Gutiérrez! ¿Quiere usted ser usted el padrino hijo del leñador?

Soldado Gutiérrez.- ¿Yo, señor? ¡No, señor! ¡Tengo que ganar la batalla con cañones y metralla y matar a todos nuestros enemigos!

Sargento.- ¡ Soldado Pedrete, que con su cepillo de dientes limpia el retrete! ¿Quiere usted ser usted el padrino hijo del leñador?

Soldado Pedrete.- ¿Yo, señor? ¡No, señor! ¡Tengo que matar a todos nuestros enemigos y ... matar a todos nuestros enemigos!

Sargento.- Lo siento, buen hombre. Ni yo ni ninguno de mis hombres puede ser el padrino de su hijo. Mándemelo cuando esté en edad militar. ¡Compañía ... Firmes Art.! ¡En marcha, Art!
(Los soldados salen cantando)
A la guerra hay que ir
Por la patria hay que morir

Ganaremos la batalla
Con cañones y metralla.

Y si acaso no ganamos
Cogemos, corremos y nos vamos.


(Entran las monjas cantando)
Bendito el que viene
en nombre del señor.
Hosanna en el cielo.


Sor Cayetana.- Buenos días, hermano. Soy Sor Cayetana de Nuestra Santísima Señora de los Dolores Varios, superiora de la Congregación de las Desvirgadas Pobres de Santa Pati Difusa. Estamos haciendo una colecta para nuestras obras pías. ¿Sería tan caritativo y nos daría una limosna para los chinitos de África? Y Dios se lo pagará.

Sor Fina y Segura.- Son así de chiquititos. Yo soy, Sor Fina y Segura.

Leñador.- Perdona Sor Cayetana, es que soy muy pobre.

Sor Sagrario.- Buenos días, hermano. Soy Sor Sagrario del Calvario. ¿Tendría la caridad de darnos una limosna para los huerfanitos del Vaticano? Y Dios se lo pagará.

Sor Fina y Segura.- Son así de chiquititos, como un petit swiss. Yo soy Sor Fina y Segura.

Leñador.- Perdona Sor Sagrario del Calvario, es que soy muy pobre.

Sor Rita.- ( Con pronunciación sudamericana). Buenos días, pibe. Yo soy Sor Rita. Porque en la vida seglar era muy… zorrita. ¿Podrá, pibe, darnos una limosna para las desvirgadas pobres de nuestra congregación de Santa Pati Difusa? Y Dios se lo pagará.

Sor Fina y Segura.- ¡Es que están muy desvirgaditas las pobres! Yo soy Sor Fina y Segura.

Leñador.- Perdona Sor Sagrario del Calvario, es que soy muy pobre.

Sor Ascensión.- Buenos días, buen alma caritativa. Yo soy Sor Ascensión al Séptimo Cielo. ¿Podría darnos una limosna para los niños afectados por encefalopatía espongiforme, el mal de la vacas locas? Y Dios se lo pagará.

Sor Fina y Segura.- ¡Es que están muy loquitos, los pobres! Yo soy Sor Fina y Segura.

Leñador.- Perdona Sor Ascensión al Séptimo Cielo, es que soy muy pobre.

Sor Olla.- Buenos días, hermano leñador. Yo soy Sor Olla. Soy la pintora del convento. Pero también pido limosna. ¿Podría darnos una ayudita para los huerfanitos afectados por la fiebre aftosa? Y Dios se lo pagará.
Sor Fina y Segura.- Es que son... Yo soy Sor Fina y Segura.

Leñador.- Perdone, Sor… Pintora, es que soy muy pobre.

Sor Cayetana.- Mire, buen cristiano, para ver si el Señor ablanda su corazón y lo hace más generoso le vamos a mostrar el spot publicitario que hemos preparado para nuestra campaña de recogida de limosnas.

Todas.- Pasito a pasito
pedimos pasta
pa’ los niños probres
que les hace falta.

No me des pesetas
porque ya no valen.
Dame muchos euros
Que falta les hace.

Alarailo lairo
A laralalá

Alarailo lairo
A laralalá


Leñador.- La canción es muy bonita. Pero es que soy muy pobre. No tengo dinero ni para bautizar a mi hijo. ¿Podría alguna de ustedes apadrinarlo?

Sor Cayetana.- ¿Es un chinito de África? Pues entonces, no.

Sor Fina y Segura.- ¿Es muy chiquitito, como un petit swiss. Pues entonces no.

Sor Sagrario.- ¿Es un huerfanito del Vaticano? Pues entonces no.

Sor Rita.- ¿Es desvirgadito y descarriado? Pues entonces, no.

Sor Ascensión.- ¿Está afectado por la encefalopatía espongiforme, tiene el mal de las vacas locas? Pues entonces, no.
Sor Olla.- ¿Tiene la fiebre aftosa? Pues entonces no.

Sor Cayetana.- ¡Qué Dios perdone, hermano¡ Nos vamos con la música a otra parte.

(Salen cantando Pasito a pasito...)


(Entra el ama de casa arrastrando un carro de la compra y hablando sola)

Leñador.- ¡Buenos días, señora! Perdone que la moleste, pero, verá tengo un hijo pequeño sin bautizar y no encuentro padrino para él… ¿estaría usted dispuesta a ser su madrina? Es un niño muy pequeño, casi no se ve ni nada, pequeñito, pequeñito…

Ama de casa.- ¡Huuuy, buen hombre! ¡Qué me va usted a contar! ¡Figúrese que yo tengo tres! Mi Curro, mi Gervasio y mi Vanesa. A cual peor, y se lo digo yo que soy su madre. El curro es un zángano que no da un palo al agua. Y yo le digo: “pero Curro, hijo, ¿cuándo te vas a poner a trabajar?” Y el muy ganso va y me dice: “pero, madre, si yo ya Curro… ja, ja, ja” Y se ríe el muy animal. El Gervasio…bueno…ése es otra historia, a ese hay que echarle de comer aparte. Y lo digo porque además de ser un bestia –que lo es- come como una lima. Se come unos bocatas de chorizo como autobuses de grandes. ¡Ay! (Suspirando) Pues ¿y la niña? ¡Ay, mi Vanesa! Mira… de la Vanesa, mejor ni hablar, porque si empiezo no acabo: mal hablada, mal vestida, mal peinada… con un genio de mil demonios, el cuarto hecho un desastre y ella todo el día colgada al móvil, diciendo tonterías y enviando mensajes a esos horribles amigotes que tiene: “Uy, tía no me digas… ¿síii?… ¡nooo!…jo tía… ¡que sí!…” En fin, buen hombre. Con este panorama, ¿cómo quiere usted que me haga cargo de otro futuro delincuente? ¡Calle, calle, por Dios, bastante tengo yo con lo que ha tocado! (se va arrastrando el carrito) ¡Hala! ¡A Mercadona, a por chorizo pal Gervasio!

Leñador.- ¡Pobre mujer! No si bien mirado… Claro, no podría ser… Ah… por ahí viene alguien más…

(Entra una chica joven muy arreglada y pintada, como un modelo de pasarela)

Leñador.- ¡Buenos días, bella señorita! Mire usted, yo es que tengo un hijo sin bautizar… ¿querría ser su madrina?

Chica.- ¡Huy, sí, eso molaría un mazo! ¿Cómo es? ¿Es así africano, muy negrito y con muchas moscas, como los que salen por la tele?

Leñador.- Pues.. no… Ha nacido bastante gordito y se cría bien. Y moscas… Bueno, somo pobres y no tenemos muchas, la verdad.

Chica.- (Decepcionada) Huy, pues lo siento… Pero es que tengo un concurso de belleza y no puedo faltar por nada del mundo ¡Es mi gran oportunidad. Seguro que me eligen Miss Mundo… ¡Figúrese! ¡Y luego Miss Universo, y después Miss Galasia! ¡Es un futuro fabuloso! ¡No puedo entretenerme. ¡Todavía si hubiera sido como africano y como con moscas.. Pero no se preocupe, ya encontrará algún pringao que no tenga nada importante que hacer. ¡Uy, se ha hecho tardísimo, y aún tengo que ir a la peluquería! ¡Chao! (Se va)

Leñador.- Hasta luego, hasta luego… Pues vaya pro Dios.

(Entra el típico Colgao, desastrado, fumando. La Chica, que sale tropieza con él y casi lo tira)

Chica.- (Sin mirarlo) ¡Imbécil!

Colgao.- (Mirando a la chica y luego al público) No te jode la titi esta… ¿A ver si miras por donde vas! Eso sí, está como un tren, la jodía… (ve al leñador y se acerca a él) ¿Passa , colega? ¡’Tás pasmao! ¿Hase un canutito?

Leñador.- No, gracias… eeh… No fumo. Mire usted, señor, yo tengo un hijo, sabe… y está sin bautizar. Y no encuentro a nadie que quiera apadrinarlo. ¡No sé qué hacer! Ya me lo decía mi mujer… ¡La gente es dura de corazón!

Colgao.- Que chungo, colega… Ya te lo digo. La gente da assco, cuando te ven questás pringao, passan de ti como de la mierda. Te lo digo yo que de eso sé un rato… ¡Buaah!… Te podría contar. (Se sienta) Yo por mi, te hacía el favor , colega… Pero ya vess… No m’aguanto ni yo, sabes, como para hacerme cargo de un crío… Ya te digo…

Leñador.- Sí. Ya. Ya veo… Bueno… se agrade la voluntad.

( Entra la muerte, con guadaña y todo. El Colgao y el leñador no la ven llegar)

Colgao.- Yo, lo que tu quieras, colega. Lo que t’haga falta: tripis, costo… cualquier cosa. Ahora, padrino, padrino… yo es que no me veo haciendo de eso, sabes ¡Agur colega! (Se levanta) Y que haya suerte, que te va a hacer falta… (Se aleja. Se vuelve hacia el público) ¡La gente tiene el corazón muy duro! Puedes reventar delante de sus narices y a nadie le importa… (La Muerte hace un gesto y el Colgao se desploma)

Leñador.- ¡Ahí va! (Se acerca al Colgao cautelosamente. Le toca con precaución con el dedo) ¡Se ha muerto, pobre hombre…! Y pobre de mi hijo que se va a quedar sin bautizar. ¿es que no quedan almas caritativas en este mundo? (La Muerte avanza) Ahora… yo le voy a preguntar. Ya de perdidos al río. Oiga, señora… ¿querría ser usted la madrina de mijo?

La Muerte.- Veo que estás en una situación realmente apurada. No te preocupes: yo tengo muchos ahijados (Sonríe) y no me importa ocuparme de uno más. Seré la madrina de tu hijo, y le daré una educación. Le pagaré la carrera de médico.
(Oscuro)


Juglar.- Y así se hicieron las cosas. El niño fue bautizado y pasó el tiempo y se convirtió en un hombre. cuando terminó los estudios, su madrina fue a visitarle.



En el despacho del médico

La Muerte.- Estoy contenta contigo. Ya eres médico, y como has sido un buen ahijado tengo un regalo para ti. Toma esta hierba: con ella podrás curar todos los males y enfermedades. Con solo tocar los labios del enfermo, este sanará. Te harás famoso y rico. Pero te pongo una condición: si me ves a mi a los pies de la cama de un enfermo, podrás sanarle… pero ¡ojo! Si me ves a la cabecera de la cama, entonces deberás decir que su mal no tienen remedio, y no lo curarás. Ese es el pacto. Si lo rompes atente a las consecuencias.

Médico.- No te desobedeceré, madrina. Gracias pro tu ayuda.

Muerte.- Eso espero, hijo, por tu propio bien.


Juglar.- El muchacho obedeció a la Muerte, y se convirtió, efectivamente, en un médico famoso. De todas parte del mundo le venían clientes, atraídos por su fama. Un día llamaron al joven a la casa de un hombre muy rico y muy enfermo, que se estaba muriendo.


Habitación del hombre rico

Rico 1.- ¡Ay, doctor! ¡Me muero! ¡Cúreme por amor de Dios, y te daré todo lo que me pidas! ¡Puedo hacerte el hombre más rico del mundo!

(La Muerte entra silenciosa y se coloca a la cabecera de la cama. Hace un gesto de advertencia con la mano al joven; este duda, pero saca la hierba y la pasa por los labios del enfermo).

Médico.- Estás curado.

Rico 1.- ¡Qué bien me siento! ¡Estoy fuerte! ¡No tengo fiebre! ¡Gracias, buen doctor, te debo la vida! ¡Te haré rico! ¡Gracias!

Muerte.- Eres un mal ahijado. No has tardado mucho en romper nuestro pacto.

Médico.- Perdóname, madrina Me he dejado llevar por la ambición. No volverá a suceder. ¡Te lo juro no volverá a suceder!

Muerte.- Así lo espero, por tu bien. (Da la vuelta y se marcha)


Juglar.- Pasó el tiempo, y otra vez llamaron al joven médico a casa de un hombre mucho más rico y poderoso que el anterior.


Habitación del hombre riquísimo

(Rico 2 sufriendo en la cama. La muerte a la cabeera del lecho)

Rico 2..- ¡¡Cómo sufro!! ¡¡No quiero morir de esta forma!! ¡¡No quiero morir!! ¿Quién hay ahí? ¿Quién eres?

Médico.- (Mirando a la Muerte) Soy el médico, señor.

Rico 2.- ¡Sálvame, buen doctor! Soy inmensamente rico y poderoso… ¡Sálvame y pondré el mundo a tus pies, por favor!!
(El médico le pasa la hierba por los labios)

Muerte.- Lo has vuelto a hacer. Ya es la segunda vez. ¿Cuánto tiempo piensas que podrás abusar de mi paciencia, muchacho. ( Se va. Se hace oscuro)


Juglar.- Y sucedió que la hija del rey se puso muy enferma. Languidecía en su lecho y todos los médicos del país se afanaban para sanarla, sin conseguirlo. Era inútil. El rey, desesperado, llamó mandar al joven médico del que había oído hablar. Y, como suele suceder, cuando el muchacho cuando vio a la princesa, joven, bellísima, pálida en su lecho , se enamoró de ella como un tonto. Pero otra vez había alguien a la cabecera de la cama.


Habitación de la princesa

(La princesa en el lecho, con la Muerte a su cabecera. El médico se acerca y contempla a la joven arrobado)

Muerte.- Ahijado, recuerda que por dos veces has faltado a tu juramento.

Médico.- Lo hice pro ambición. Pero .. ella ¡qué hermosa es y qué joven! No tienes derecho a pedirme que la deje morir. No es justo , madrina.

Muerte,- (Sarcástica) ¿No es justo? ¿Y desde cuándo sabes tú lo que es justo? Si no fuera hermosa, si fuera la hija de un pordiosero, sí sería justo dejarla morir. ¿es eso lo que quieres decir, buen doctor?

Médico.- Es inútil, madrina. La amo. No me harás cambiar de idea. (Saca la hierba. La Muerte alza un brazo, amenazadora. El joven retrocede asustado, pero finalmente se decide y le pasa la hierba por los labios. La princesa despierta y le mira).

Princesa.- ¡Me has curado… Eres mi salvador y mi héroe!

(Entra el rey)

Rey.- ¡Has salvado a mi hija! En agradecimiento, te concedo su mano. Cásate con ella, puesto que te debe la vida. ¡Hoy es un día feliz para todo el reino! ¡Comiencen los preparativos para la boda! (Todos hacen ademán de salir)

Muerte.- ¡Alto! (Todos quedan paralizados excepto el Médico)

Médico.- (Cayendo de rodillas) ¡Madrina, piedad! No se puede luchar contra el amor. ¡Nunca jamás te volveré a desobedecer!

Muerte.- Cierto, ahijado. Me has desobedecido pro tercera y última vez.

Médico.- Concédeme al menos un año de vida para ser feliz con la princesa. No te pido más.

Muerte,- Me pides más de lo que puedo dar. ¿No comprendes que hay leyes que no se pueden infringir impunemente? Si ella vive, alguien tiene que morir. ¡Mira!

(Cae un telón y parece medio escenario lleno de velas de distintos tamaños, grandes, medianas y pequeñas.)

Muerte.- Mira todas esas velas. Cada una es un una vida. ¿adivinas cuál es la tuya?
Médico.- (Va bajando la voz a medida que habla) ¿Es esa? (Señala una grande. La Muerte niega con la cabeza) ¿Será esta? (Señala una mediana. La Muerte vuelve a negar) ¿…Esta? (Señala una pequeña. La Muerte vuelve a negar)
(El Médico queda en silencio. Se adelanta y despacio coge una vela que está completamente consumida y apagada. Se vuelve hacia la Muerte con ojos suplicantes. Ella asiente con la cabeza)

Médico.- No…

Muerte.- Esa, hijo mío, esa es la tuya.

Médico.- No…

Muerte.- Ven, que la hora es ya cumplida.