Dramatizar en el aula

por Paco Tejedo
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Tenemos sobrados conocimientos de nuestras asignaturas para poder impartirlas con solvencia en el aula, con mayor o menor acierto por nuestra parte y con mucho, poco o nulo interés por parte de nuestros alumnos. Y ahí es donde entra en juego la dramatización que es un complejo proceso de técnicas dinámicas que utiliza el lenguaje teatral, no para hacer teatro, sino para potenciar el binomio enseñanza-aprendizaje y explicar, recrear, reflexionar sobre los contenidos y temas propios de asignaturas que nada tienen que ver con un texto dramáticos. Un curso de dramatización es un curso donde se enseñan contenidos de teatralización, no contenidos literarios, linguísticos o históricos (de eso sabemos todos demasiado para lo poco que luego hay que explicar en clase). De lo que por lo visto no sabemos tanto es de cómo impartir mejor los contenidos curriculares a nuestros alumnos.
Cuando en los libros de texto veo propuestas didácticas del tipo “dramatizar este texto”, me echo las manos a la cabeza, porque lo que ignora el profesor – y puede que también el que hace la propuesta – es exactamente cómo se dramatiza: qué hay que hacer, cuántos participan, en qué espacio, qué voz se emplea, si se puede modificar algo o no se puede variar ni una coma, qué elementos ajenos al cuerpo se pueden utilizar, etc.
Es decir, la propuesta “dramatizar el texto” es una propuesta vacía, salvo para el que sabe dramatizar mucho – y ese no necesita esa propuesta porque tiene mejores. Sin embargo al que no sabe dramatizar la propuesta le puede parecer un suplicio. Un pañuelo, una tela, una cuerda, la proyección de una imagen, la nueva disposición de las mesas en el aula, el aprendizaje de la improvisación, puede cambiar, de hecho lo hace, el interés de nuestros alumnos, la dinámica del grupo (relación individuo-grupo y viceversa, relación alumno-profesor, grupo-profesor) y activar hasta límites insospechados la participación del alumno en el aprendizaje. Aunque no fuera así, peor de lo que va la enseñanza tradicional de nuestras asignaturas es imposible y con intentar un cambio tampoco se pierde nada.

Dramatiza que algo queda (a modo de declaración de principios)

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Frente a la interactividad de los mass-media (Internet, MP3, 4 y 5, móviles –celulares– tabletas, ipads, y mucho más que llegará) nuestra batalla didáctica tradicional en la manera de impartir clases, tiene todas las de perder y de convertirse en una derrota estrepitosa. Cuando en 1987 co-escribí “Dinamizar textos”, creía firmemente que, en determinadas asignaturas -lengua, literatura, latín, griego, idiomas, – lo fundamental eran los textos y la manera de tratarlos. Ahora sigo pensando lo mismo, sobre todo después de ver cómo desde nuestras asignaturas no hemos creado lectores ni espectadores, no de teatro clásico o moderno sino ni siquiera aficionados a la lectura de novelas, cuentos o literatura de consumo, o a simples lectores del periódico. Nos hemos empeñado vanamente en que aprendieran siglo, autor, título de la obra, y que hicieran el resumen, tema y estructura de obligado cumplimiento en los exámenes. Y los alumnos han acabado odiando nuestras asignaturas. Entre otras cosas ha faltado el placer de la lectura, la finalidad de diversión que es intrínseca a toda obra de arte. Y así nos ha ido. En “Dinamizar textos” proponíamos un tratamiento mucho más lúdico de la didáctica en general, y del tratamiento de los textos en particular. La dramatización de textos era la apuesta más interesante porque era la única que podía integrar a todas las demás (ilustrar, modificar, sonorizar, etc.).
Cada 10 días lectivos pierdo **[1]** (perdía, ya me he jubilado) una clase en dramatizar un poema, una escena, un fragmento narrativo, un cuento, y os puedo garantizar que los alumnos esperaban esa clase, porque la vivía y la disfrutaban. El problema es que para dramatizar en clase, hay que saber de qué va el asunto. En las Facultades de Filología (Clásica, Románica, Hispánicas, Inglés, etc.) el teatro que nos han enseñado se limita a la situación histórica del autor, a la traducción o comentario del texto y a alguna que otra lectura obligatoria. Y eso es saber de textos teatrales, pero no saber de teatro.
Con la experiencia de hoy, pretendo ver técnicas, metodologías y didáctica que nos acerquen al mundo de la dramatización y el teatro.La dinámica del pequeño grupo de aula se mejora notablemente con multitud de juegos dramáticos y actividades teatrales (o no) como los que en estas sesiones tendréis ocasión de leer, trabajar y experimentar. No pretendo enseñaros un camino sino compartir una experiencia que ha sido y es inolvidable para mis alumnos y para mí que les he embarcado en esa aventura mágica de la clase-teatro.

[1] Pierdo: Es una ironía que muchos colegas piensen que hacer teatro en clase es perder el tiempo, cuando resulta que viene a ser el tiempo mejor aprovechado.